«Los hijos de Húrin», J. R. R. Tolkien

Como principal ficción narrativa que Tolkien emprendiera tras la conclusión de su trilogía1, Los hijos de Húrin desarrolla la tragedia escuetamente esbozada en el capítulo 21 de El Silmarillion, titulado «De Túrin Turambar».

El carácter algo fragmentario de Los hijos de Húrin no asustará al lector que ya haya digerido El Silmarillion, caracterizado por su prosa distanciada, sin urgencia narrativa, que aporta al conjunto un matiz de crónica pseudohistórica.2 No obstante, el relato de las desventuras del quizá más desdichado linaje de la Casa de Hador ya se distingue en esta recopilación por un tono marcadamente nihilista, lejos del acento épico-heroico del resto de historias de Beleriand. Esto aspecto se acentúa aún más en Los hijos de Húrin, cuya lectura no parece ofrecer nada positivo, ninguna moraleja que compense el, al parecer, estéril sufrimiento que atraviesan los hermanos Túrin y Niënor y aquellos que se cruzan en su camino.

A Brethil trajeron la sombra de su oscuro destino. Aquí se cumplió su sino, y esta tierra no volverá nunca a estar libre de dolor.3

Túrin, hijo de Húrin Thalion

Limitado, orgulloso, insatisfecho, cíclicamente proscrito: así se presenta al protagonista de la novela, Túrin, hijo de Morgwen y Húrin. La novela comienza, sin embargo, narrando la desdicha de su padre, encadenado por Morgoth en Thangorodrim y condenado por éste a ver con sus ojos.

Pero sí te tengo a ti, y llegaré a toda tu maldita casa; y os quebrantará mi voluntad, aunque estéis todos hechos de acero (...). Cada vez que hablen, sus palabras provocarán malentendidos. Todo lo que hagan se volverá contra ellos.4

Por un lado, y como bien señala esta reseña, la maldición que Morgoth impone sobre la progenie de Húrin funciona como un perfecto homólogo del hado de los elfos, en concreto de los Noldor, quienes fueron condenados por los Eldar tras la tragedia de Alqualondë. Los paralelismos entre Túrin y Fëanor también resultan sorprendentes: ambos son personas habilidosas, valiosas para sus congéneres, pero tropiezan continuamente con los frutos de su orgullo desmesurado. Al igual que Túrin rechaza el perdón de Thingol tras su huida de Doriath, tampoco quiere Fëanor regresar desde Beleriand para acudir junto a los Valar "...y soportar sus miradas de compasión y perdón, como si yo fuera un niño desobediente y enmendado. Debería dar perdón, no recibirlo."


"The Dragon-helm of Dor-lómin" por Elena Kukanova

Por otro lado, el carácter distintivo de Túrin desempeña un papel protagónico en la narración, subrayado tanto por las consecuencias catastróficas de sus acciones como por las propias voces de quienes le acompañan. Incluso Beleg, el elfo junto a quien Túrin reina sobre la tierra de  Dor-Cúarthol, confiesa seguir al humano "por amor, y no por sabiduría": parece resignado, como los demás, a su especial temperamento. Es el orgullo de Túrin, y no cualquier otro impedimento, el que da cuerpo a los designios de Morgoth y los convierte en una realidad. Tal y como afirma Gwindor, muy acertadamente: "tu destino está en ti mismo, y no en tu nombre".

Esta circunstancia acentúa la tensión persistente en las obras de Tolkien entre el libre albedrío y la predestinación, temática que ya habría sido introducida en el Ainulindalë. En el momento en el que Melkor trata de ahogar la música de los demás Ainur con su propia melodía, Ilúvatar, no sin cierta condescendencia, le recuerda que:

"—...ningún tema puede tocarse que no tenga en mí su fuente más profunda, y nadie puede alterar la música a mi pesar. Porque aquel que lo intente probará que es sólo mi instrumento para la creación de cosas más maravillosas y él todavía no ha imaginado".5

A pesar de que Túrin es un hombre libre, y de que en varios puntos de la narración es evidente que no toma las mejores decisiones, no deja por ello de estar marcado —y puede que condenado— por su destino. La cuestión principal que avanza la novela podría ser hasta qué punto este destino resulta ser un corolario de la maldición o del prejuicio social que otros personajes tienen hacia ella. En varias ocasiones, Túrin no es juzgado a través de sus propias acciones, sino que se contempla la extensión de su linaje para condenarlo de manera categórica. Y si bien el rol social del destino no resuelve la culpabilidad que impregna a todo el linaje de Húrin, nos permite cuestionar la responsabilidad de la sociedad de Beleriand en los acontecimientos que se desarrollan.6


Húrin encadenado en Angband, por Denis Gordeev

En todo caso, resulta insoportable, alcanzado cierto punto del libro, comprobar cómo Túrin resulta la perfecta encarnación del dicho "sólo el hombre tropieza dos veces con la misma piedra". No deja de ser irónico cómo su sino refleja fielmente la condición humana. Esta raza, abocada hacia lo eterno, pero temporal y físicamente limitada —sobre todo una vez se la compara con los elfos— , se muestra ansiosa por afianzar un legado que trascienda sobre tan indigesta finitud. Por ello, la maldición que Morgoth arroja sobre el linaje de Húrin no es más que la extensión del destino trágico de la humanidad en su conjunto. 

En El Silmarillion, Bëor, el patriarca de los primeros Hombres, confiesa esto al rey elfo Finrod acerca de su origen:

Hay una oscuridad detrás de nosotros — dijo Bëor—, y le hemos dado la espalda, y no deseamos volver allí ni siquiera con el pensamiento.7

Asimismo, Sador el Paticojo alude a este episodio mientras conversa con el pequeño Túrin, afirmando que: 

— ...las Montañas se interponen entre nosotros y la vida de los que vinieron, huyendo de nadie sabe qué (...). Puede que huyéramos del temor a la Oscuridad sólo para hallarla aquí, delante de nosotros, y sin otro sitio adonde huir, excepto el Mar. 8

La humanidad en Beleriand está condenada a mirar hacia el oeste, marcada por una insatisfacción que culminará años más tarde con la ambición de los dúnedain de tomar el cielo por asalto. Al fin y al cabo, la raza humana de Beleriand se alzó con el Sol, y el Sol avanza hacia esa dirección, hacia los Eldar.

Las referencias mitológicas de Tolkien

A excepción de la anteriormente mencionada, son pocas las reseñas que se ocupen de las múltiples referencias en las que Tolkien se inspiró para la historia de los hijos de Húrin. En una carta a Christopher Bretherton9, el escritor reconoció su deuda con la leyenda de Kullervo, extraída de la epopeya finlandesa Kalevala. La historia de este huérfano con poderes sobrenaturales fue interpretada por el propio Tolkien y recopilada en una serie de tres textos que pueden encontrarse editados por Verlyn Flieger.10 Los hijos de Húrin guarda notables similitudes con este mito narrado en los runos o poemas finlandeses: un joven marcado por el infortunio se hace con una espada encantada, emprende una embrollada política de venganza familiar y acaba por seducir a una desconocida que resulta ser su hermana, la cual se suicida al conocer su identidad. Asimismo, Kullervo fallece al atravesarse con su propia arma.

Al parecer, Tolkien también se habría inspirado en el propio idioma finlandés para desarrollar la filología del Quenya:

El germen del intento de escribir leyendas propias que se adecuaran a mis lenguas privadas fue el trágico cuento del desdichado Kullervo en el Kalevala finlandés. Sigue siendo un elemento fundamental en las leyendas de la Primera Edad (que espero publicar como El Silmarillion), aunque, como Los Hijos de Húrin, está totalmente cambiado excepto en el trágico final.11

Por otro lado, no son pocos los que han trazado paralelismos entre la historia de Túrin y el mito de Edipo.12 Aunque Túrin y Edipo tienen personalidades muy diferentes, ambos son protagonistas trágicos "con la cabeza y el corazón en su sitio, decentes moralmente, que pasan de la felicidad a la catástrofe (...) por un error de juicio derivado de una errónea concepción moral".13 Tristemente, ambos personajes creen verse súbitamente favorecidos por la fortuna antes de que una última decepción les derribe por completo. El epíteto que Túrin acuña para sí mismo, Turambar ("domador del destino"), resulta irónico al considerar la narración en su conjunto.

Por otro lado, resulta particularmente interesante la comparación entre la esfinge y el dragón Glaurung, principal antagonista de la novela: una especie de extensión del mal de Morgoth en Nargothrond, aunque dotado del ingenio propio de los dragones de Tolkien. Es precisamente este ingenio lo que lo asemeja a la esfinge, pues el dragón causa mucho más daño a través de su intelecto que mediante la fuerza. La penetrante mirada de Glaurung se convierte en un hechizo que anula cualquier voluntad humana: así, congelado frente a la visión del dragón, Túrin permite que los Orcos se lleven a las cautivas de Nargothrond. Un encantamiento semejante afecta a Niënor cuando se encuentra con Glaurung en la cima del Amon Ethir y, mirándolo a los ojos, sucumbe a una oscuridad terrible.


Niënor y Glaurung, por John Howe.

El encuentro con el dragón no sólo le produce la amnesia, sino también la pérdida total de la razón, hasta el punto de que los habitantes de Brethil deben enseñarle a hablar de nuevo, como a una niña. De esa misma penumbra primigenia de la cual habrían huido los hombres del este hacia Beleriand —como relataba Bëor— intentarían escapar desesperadamente los hijos de Húrin, sin lograr adelantarla. Así lo ejemplifica Túrin al final de la novela:

—Porque verás, ¡soy ciego! ¿No lo sabías? ¡Ciego, ciego, y ando a tientas desde la infancia entre la oscura niebla de Morgoth! 14

Tolkien fue más que consciente del uso que su ficción hizo de narrativas antiguas, aspecto que justificó a través de la teoría The Bones and the Soup. Nos encontramos con una historia base, que es la sopa, y a la olla en la que se cocina se van añadiendo otros ingredientes, fuentes o materiales que proceden de la vida, conocimientos y experiencias del autor. Como el escritor relata en On Fairy Stories, "la olla de sopa, el caldero de la historia, siempre ha estado hirviendo, y a ella se le han añadido continuamente cosas nuevas, delicadas y no delicadas". Esta consideración tan acertada de las técnicas de ficción narrativa ha permitido a Tolkien convertirse en la piedra angular de la fantasía contemporánea occidental, suponiendo el equivalente creativo de todo un pueblo.

Por estas razones, así como por muchas más que se quedan en el tintero, Los hijos de Húrin resulta una lectura muy recomendada, en especial para quienes ya estén familiarizados con el universo de Tolkien y deseen profundizar en la historia de la Primera Edad. Las ilustraciones de Alan Lee son bellísimas y acompañan muy bien la lectura, y los apéndices de Christopher aportan algunas curiosidades de interés sobre el proceso de edición póstuma.


  1. p. 280 ↩︎
  2. p. 275 ↩︎
  3. p. 245 ↩︎
  4. p. 62 ↩︎
  5. p. 13. ↩︎
  6. Moore, C. (2021), "Stigma and the Social Function of Fate in the Story of Túrin Turambar", Journal of Tolkien Research, Vol. 13, 2. https://scholar.valpo.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1239&context=journaloftolkienresearch ↩︎
  7. p. 166 ↩︎
  8. p. 42 ↩︎
  9. Carta 257 A, 16 de julio de 1964. ↩︎
  10. Torres, L. G. (3 de junio de 2016). 'La historia de Kullervo', el primer héroe de Tolkien. RTVE. https://www.rtve.es/noticias/20160603/historia-kullervo-primer-heroe-tolkien/1354833.shtml ↩︎
  11. Tolkien, Finlandia y el Kalevala. https://www.elfenomeno.com/info/ver/19439/pag/7/ ↩︎
  12. Ganguly, S. (2015), "A Kinship of Grief: Oedipus in the Theban Plays and Middle Earth", Quest, vol. 2, I, 2. http://www.sncwgs.ac.in/wp-content/uploads/2015/11/Art-2-Soham-Ganguly-A-Kinship-of-Grief-English-Lit.pdf ↩︎
  13. Librán Moreno, M. (2014), "The tragedy of Túrin Turambar and Sophocles's "Oedipus Rex" in the narrative of J.R.R. Tolkien", Littera Aperta 2, p. 72.  ↩︎
  14. p. 253

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