Xenolingüística y extrañamiento: Embassytown, C. Miéville (2011)

La ciencia ficción es un género proclive a las inmersiones lingüísticas. Aquí una lista exhaustiva que da fe de ello. Una de mis primeras incursiones en este campo fueron los relatos de Ted Chiang y, cómo no, la adaptación cinematográfica de su obra, Arrival (2016). Recientemente sentí cierta decepción ante el tratamiento simplista que se le da a la xenolingüística en la adaptación de Hail Mary (2026), del universo de Andy Weir. Aunque capaces de desplegar una sorprendente capacidad inventiva en el desarrollo de sus tramas, estos autores se quedan un poco cortos en lo que se refiere al estudio del lenguaje.
Para gran parte de los escritores de ciencia ficción contemporáneos, resulta difícil concebir el idioma alienígena como algo más que una serie de curiosidades léxicas, ordenamientos sintácticos singulares o formas de cortesía distintas a las humanas. En general, casi todos deforman y estiran las posibilidades del lenguaje humano, remitiendo por tanto a la esencialidad terrícola, a las categorías de clasificación de las que partimos para estructurar nuestros propios idiomas. Como argumenta Nikhil Mahant en Extraterrestial tongues, asumimos que los extraterrestres poseerían las mismas limitaciones y habilidades mentales que nosotros, parámetros que son fundamentales para estructurar el lenguaje tal y como conocemos. Esto no tendría por qué ser así.
Un brillante ejemplo de que se puede (y se debe) recurrir a la inventiva es Embassytown (2011), de China Miéville. La premisa es como sigue: Avice procede de la Ciudad Embajada, una colonia del imperio galáctico Bremen en el planeta Arieka. Los nativos de este mundo, denominados Ariekei o Anfitriones, poseen un particular idioma basado en la pronunciación simultánea de dos palabras distintas. Lo que articulan mediante sus dos bocas, Corte y Giro, solo cobra sentido de forma coordinada, del mismo modo en que una partitura de piano se convierte en melodía únicamente al combinar las notas de la mano derecha con las de la mano izquierda.
Aún más sorprendente resulta el hecho de que la lengua de los Anfitriones refleja de manera directa su pensamiento, incapacitándolos biológicamente para elucubrar o mentir. Mientras que en los idiomas humanos la relación entre el significante y el significado es inmotivada y arbitraria, para los Ariekei el lenguaje es significado en su forma más pura. Para entenderlo un poco mejor, los Anfitriones son físicamente incapaces de pronunciar “la casa es roja” si la casa que están observando es verde.

La trahison des images, René Magritte (1929)
Los humanos de Ciudad Embajada sienten un profundo interés por este lenguaje, pero su incapacidad inherente para producir dos fonemas les impide hacerse comprender por los Anfitriones. Así, para poder comunicarse con los Ariekei, se las ingenian para crear una suerte de doppels ingeniados genéticamente, gemelos humanos cuya sincronización mental les permite emitir dos palabras al unísono. Estos humanos se conocen como Embajadores, y serán clave en los intercambios comerciales y culturales entre los colonizadores y los nativos de Arieka.
Poco a poco, los Anfitriones comienzan a interesarse por la mentira. Organizan “festivales de mentiras” donde intentan emular torpemente una habilidad de la que carecen. Por otro lado, para poder emplear comparaciones, los Anfitriones han de materializarlas en el mundo real. Los personajes de la novela son empleados como figuras retóricas vivientes. La protagonista, Avice, vive una experiencia durante su infancia que permite su incorporación permanente a la lengua ariekei como un símil: «la niña que fue herida en la oscuridad y comió lo que le dieron».
«Como no tenían idioma para designar las cosas que no existían, ni siquiera podían pensarlas.»
Solo los Anfitriones pueden comprender en su totalidad estas referencias encarnadas.
Un punto de inflexión en la trama ocurre cuando uno de los Anfitriones consigue articular una mentira convincente a través de una hábil manipulación de los símiles. Este Anfitrión es abatido rápidamente, ya que su técnica supone una verdadera amenaza para la “pureza” del idioma Ariekes y, por ende, para el pensamiento de la especie en su conjunto. Más adelante, asistimos a la llegada de un nuevo embajador, Ez/Ra, que, a diferencia de los tradicionales, no se trata de un par de gemelos idénticos, sino de dos personas no idénticas. Su pronunciación del idioma trastoca y pervierte la unicidad lingüística del lenguaje Ariekes, lo que provocará una violenta sacudida en la sociedad de la Ciudad Embajada.
A medida que avanzaba en la lectura, no podía evitar conectar la propuesta de Miéville con el principio del relativismo lingüístico. Esta teoría se sitúa en las antípodas de la gramática universal —quizá el paradigma más estimado en la actualidad respecto al origen del lenguaje— y fue tremendamente popular a principios del siglo XX, aunque a día de hoy cuenta con más críticos que adeptos. A grandes rasgos, el relativismo lingüístico parte de la idea de que usuarios de diferentes idiomas son influenciados por sus gramáticas a realizar diferentes tipos de observaciones y diferentes conceptualizaciones respecto a un mismo fenómeno observable. Es decir, que el lenguaje determina o influye gravemente la cognición. Miéville lo explora a través de la simbiosis entre el idioma de los Anfitriones y su capacidad de pensamiento. Y para hacerlo se sumerge en lo insondable.
¿Hasta qué punto se pueden trazar paralelismos con experiencias humanas tangibles? Daniel Everett afirmó que la lengua pirahã carece de mecanismos de recursividad. Benjamin Lee Whorf defendió que el idioma hopi no contiene construcciones gramaticales para referirse al "tiempo" tal y como lo concebimos en Occidente. Asimismo, los defensores del relativismo lingüístico afirman que los hablantes de lenguas que cuentan con distinciones para distintos tipos de azul identificarán estos matices en el mundo real más rápidamente que los hablantes de una lengua sin este vocabulario, lo cual sugeriría una diferenciación cognitiva dependiente exclusivamente del lenguaje. Sin embargo, los defensores de la gramática universal sostienen que todos los humanos compartimos con una estructura lingüística innata, y que las distintas lenguas tan solo etiquetan categorías mentales preexistentes. Miéville nos invita a reflexionar sobre estas cuestiones a través del idioma Ariekes.
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| El mensaje de Arecibo |
En 1974, la humanidad envió por ondas de radio un mensaje al cúmulo globular M13. El mensaje de Arecibo constaba de 1.679 bits binarios, un número semiprimo que, interpretado correctamente, puede reconstruirse como la imagen que aparece más arriba. Esta ofrece una síntesis de la humanidad: el ADN, los planetas, el telescopio y la estatura media de un hombre adulto, entre otros elementos.
En el trasfondo de este gesto subyace la idea de que la lógica humana podría funcionar como el lenguaje idóneo para comunicarse con vida extraterrestre. Así, científicos como Carl Sagan, autor de Contacto (1985), presuponen que los alienígenas comparten las categorías humanas de cálculo y representación.
Embassytown no se limita a ser un tratado sobre xenolingüística. La novela también nos sumerge en los viajes de exploración en el ínmer, en ciudades alienígenas con arquitectura biológica —a las casas les crecen orejas—, y despliega complejas dinámicas coloniales para las que Miéville tendría, sin duda, un buen sustrato académico del que partir (estudió antropología social en la universidad y su tesis doctoral ofrece una perspectiva marxista sobre derecho internacional). Sin embargo, se podría afirmar que el lenguaje es el aspecto más crucial de esta novela. Miéville consigue algo que otros autores de ciencia ficción no han logrado, tal y como se introdujo en el primer párrafo de esta reseña: otorgar una singularidad única al idioma alienígena, más allá de los resabiados patrones humanos.
Ya mencioné que, en el idioma Ariekes, las palabras pronunciadas no "significan" cosas en abstracto, sino que son las cosas en sí mismas. Miéville elimina la arbitrariedad del signo lingüístico. Encontramos aquí el verdadero e insalvable abismo entre especies: mientras que el lenguaje humano es referencial, el lenguaje de los Ariekei es isomórfico, pura verdad; con una incapacidad cognitiva inherente para la confabulación. Esto, en conjunto con la asociación entre cuerpo pensante e idioma, los fonemas pronunciados simultáneamente y otras singularidades radicalmente ajenas a las experiencias humanas, anuncian una forma de existencia completamente distinta. Miéville es uno de los pocos que ha conseguido superar el estancamiento lingüístico antropocéntrico que ha lastrado a la ciencia ficción durante décadas.
«Los Ariekei que están en esta habitación quieren mentir. Eso significa pensar el mundo de forma diferente. No es hacer referencia, sino significar.»
El lenguaje nos permite estructurar el mundo, procesar la realidad. Para los Ariekei, el lenguaje es realidad. Cuando este paradigma se trastoca, su especie se transforma por completo.
Embassytown no es una lectura accesible, al menos no hasta cruzar su ecuador. El lector es arrojado in media res al meollo del conflicto sin preámbulos, inmerso en la tercera iteración de un universo creado ex nihilo y a cuyos detalles el autor apenas alude sino de forma esporádica. Sin embargo, si eres capaz de ser paciente, todas las piezas terminan por encajar de manera satisfactoria.
Miéville no destaca por una prosa lírica ni un estilo ampuloso —de hecho, puede llegar sentirse excesivamente funcional—; es la originalidad de sus ideas y el ingenio de su ejecución lo que hacen que este libro sea tan relevante. Embassytown posee todo lo que una obra de ciencia ficción debería ambicionar. Al menos, según la definición del género de Philip K. Dick (1981):
“Esta es la esencia de la ciencia ficción, la dislocación conceptual dentro de la sociedad para que, como resultado, se genere una nueva sociedad en la mente del autor (...) se produce como un choque convulsivo en la mente del lector, el choque del extrañamiento (...). La dislocación conceptual —la nueva idea, en otras palabras— debe ser verdaderamente nueva (o una nueva variación de una antigua) y debe ser intelectualmente estimulante para el lector; debe invadir su mente y despertarla a la posibilidad de algo en lo que no había pensado hasta entonces. ”
Efectivamente, más allá de la pirotecnia de universos ficticios, especies alienígenas y odiseas cósmicas, Miéville nos ofrece un tratamiento holístico de la experiencia humana, invitándonos a cuestionar su supuesta universalidad.
Fuentes
- Suvin, Darkov (1977), Metamorphoses of Science Fiction. On the poetics and history of a literary genre.
- Whorf, B. L. (1964), Language, Thought, and Reality: Selected Writings of Benjamin Lee Whorf.
- Prime Numbers and Extraterrestrial Communication. https://modulouniverse.com/2015/02/16/prime-numbers-and-et/
- Extraterrestrial tongues. https://aeon.co/essays/why-alien-languages-could-be-far-stranger-than-we-imagine
- Embassytown. https://scholarblogs.emory.edu/languagelinguisticsscifi/2025/06/16/embassytown/
- The shock of dysrecognition | Philip K. Dick defines science fiction. https://biblioklept.org/2017/09/19/the-shock-of-dysrecognition-philip-k-dick-defines-science-fiction/#:~:text=Now%20to%20define%20good%20science,up%20to%20then%20thought%20of.

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